Calamarte

 La redondez de tus muslos me cuentan que tu luna está cerrada, gritando que algo la acaricie y la haga llorar,

¿La ves llorar? Porque pareciera que ahí, ¿Ves?, arriba, en relieve. ¿Sentís? Es una bolita: un punto. El lugar del que nacen todos los planetas, un botón hincado por el que te huelo, un lugar que perfumás de hierbas tupidas. Una marca envuelta de sudor y esencias.  Cubierta por telas necesarias, velos delicados que escupo para no morder.

Me contengo.

…Arriba, sí…Ahí.

Más arriba y cayendo como una lágrima pesada, textura de miel, barriendo minúsculos agujeros que babean y me obligan a pegarme… Respira tu Punto. Punto de color, tu punto que exhala y se agranda. Inspira, expira, ensancha orificios, abre, cierra, tu luna grita intimidad y grita invasión.

Lágrima de pulpa que se desliza y empieza a mojar tus formas, esos muslos de pelota doble que veo apoyados en la cama. Vas humedeciendo tu vaivén, la inquietud a mis manos . Tu agua llora por los surcos católicos que te vieron nacer, sos una virgen puta, sudás como una fruta tierna, sudás tus vergüenzas, retenés el aire, guardas la excitación…¿Por qué? ¿Por qué lo hacés?

¿Por qué guardar aquello que perciben tus sentidos ? ¿Por qué esperas un ritmo suave, de fábula, y no entregás tu ansiedad? Respirás y descansás. Construis pirámides sobre mi cuerpo y yo no pienso en otra cosa más que empalarte, dejarte rota, partida. 

Escucho imaginarte,imaginarnos.  Fabulás. Te dejás llevar por estornudos frágiles, personajes de mitos clásicos, de monjas hermosas, de pudores magnéticos. Magnetizan estos los suspiros que me generan una molestia retardante. Quiero meterme…estás a cada vez más rosada, ¿Cómo hacés?

¿Cómo hacés para esperar?. Me obligas a tomarme el tiempo en ir aterciopelando tu horno, tu bolita, el tajo de tu planeta hinchado, tu horno: tu punto. Hasta que aceptes y  yo  despacio meta el hocico, tan despacio que te sorprenda y te  muerda ahí donde esté más blando y jugoso o donde se me de la gana.

Sos un monstruo de agua por primera vez. Pujas por irte, hablas como un animal. Tu aroma explota y me lastima la boca. La cama vigila nuestros cuerpos, me dejás avanzar más, aprovecharte. 

 Tu transpiración golpea mis manos, apretándolas dentro tuyo, sobre tus paredes de elástico. Nado allí, calándote. Me obligas a salir y te abrís más. Te cerrás ¿Es que nunca te pones de acuerdo?

“¿Qué estás haciendo?” me decís.

“No sé, no lo sé…?”  respondo. Desubicado, desencajado.

Pero sólo gritás, moves mi cabeza y escarbas el pozo de mi pera en tu concha caliente, encastras mi boca adentro tuyo ¿Cómo hacés?, ¿Lo entendés más que yo? ¿No era al revés?.

Te pegas a mi saliva y yo a la tuya que me gusta y me hidrata. Succionás mi pera, ¿Dónde estás?…no te veo… tu cintura ¿Dónde está? ¿Y tu cara?  Tus formas tan redondas van quedando fuera de foco. Tu espalda se arquea y ennegrecida aprieta tus venas hasta hacerte extranjera, hasta astralizarte en el verbo.Tu punto se abre y me devora, me desnuda los pensamientos, me abstrae.

Sos la nada en estas letras, la nada en las mías. Dejás de existir sólo para irte a no tener un cuerpo, pero para volver tan rápidamente a vos que no sentís el recuerdo de haberte ido, no llegas a darte cuenta…

…no llegas a darte cuenta que volvés hecha un todo conservando el éxtasis, el dolor y los olores de la muerte. Te fuiste siendo nada, buscaste un todo, te vaciaste, y estás ahí descansando después de crear eso que gritaste. Tus manos me buscan, me agradecen. Tus ojos sellados. Me hacés pensar, ¡Ahora me haces pensar! ¿Por qué?  ¿Por qué las mujeres son tan generosas? ¿Por qué tenemos manos de patín, de gustos dulces, y velocidades llenas de conocimiento?

…empiezo a dejarme llevar por tus dedos. ¡Tus dedos! Tus dedos saben cómo mover mi cara, la medusa que cae sobre mi cara.  Me entrego y tus caricias me obligan a levantar la mirada, ahí estás, deleitándote en mis ojos, hasta que de repente me escupís:

me escupis en estos dientes míos que tu concha empiezan a pulir con una rapidez inentendible. Sos eléctrica. No llego a desquitarme, me encantás. Tu sonido es desquiciado. Mirame otra vez, necesito mirarte. Te reís enseguida te reís y escupís otra vez, pero antes de escaparme a tu hombro y sin moverte congelas tu sangre y enfrías el aire. Te beso arriba y me sorprende que estando tan caliente exista un lugar en todo tu cuerpo que no soporte tanto calor. Ahora sos una única mueca, un único movimiento, un punto de rigidez.

Estas acá desnuda en mi boca. Algo de tu cuerpo vuela arriba tuyo, te flota el pasado, tu nombre (y mis ganas de nombrarte ahora, cuando te recuerdo…). Y yo te observo sin poder creerlo, te abrazo. Me encanta, me encantás.

 Te prefiero así de rosada y con toda tu concha hacia afuera… tu concha que me pide amor ¿No te das cuenta? Necesitas mis dedos, mi control, mi terciopelo y de mis propios mitos hechos canción.*1

Pie de letras y reflexiones

*1.A veces es más importante escupir que esperar. Los mitos están dormidos y crean historias que escriben un relato insoportable e infinito. Repito, insoportable. A mi me gusta despertarlos con una fantasía. Prefiero sacarlos de ese lugar tan abstracto y analítico. ¿Fantaseas con fantasear? Sí, claro, por supuesto. Yo escribo fantasías para escupir y si éstas suceden, bueno, pues, habré de esperar (y mientras juego a que son de verdad). Porque de eso se trata, de guardar lo que perciben los sentidos, pero también de escupir lo que escupan, ya sea en un texto o dónde vos más quieras*2

*2.Escupir, declarar, confesar, blatcéteras. 

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