Porque el orgasmo femenino no es ningún mito,

 Shortbus, de John Cameron Mitchell

(…sedúceme anreves…)

Me desnudo cada vez que estoy sola. Camino descalza, sola, con la humedad de que me encuentren y me vean, sola. Desnuda. La fantasía de mis contorsiones me calientan. Me veo en el ESPEJO y estoy vestida por fuera y de blanco.

Me miro:
Castañeo mis ojos. Me enamoro que me miro. El reflejo me devuelve un amor caprichoso y lubricado. Hago una mueca con mi sonrisa y muerdo mi labio inferior porque me excita. Saco la lengua, paso mi lengua por ese espejo. Espejo mis erecciones con esas lenguas.
No veo lamerme pero lo siento desde mi arentre. Un calor tibio amanece en mi pelvis como la sensualidad de una baba visual. Cierro los ojos y mi mano baja a tocarme. Quiero quitarme todo y hacerlo de modo lento, sorteado…a penas premeditado.

Me freno. Me Miro:

La primera impresión roza de manera febril con la sensación de obscenobarme.

Suelto las tiras sobre mis hombros y desde ellos cae mi vestido más fino que mi piel:

Desnuda soy una mujer.

Excitada soy el hombre dentro de mi mujer.

Amada, la mujer en MI mujer.

Observo el relieve de las formas corporales, me asombra lo eréctil de mis agujeros.
Sonrío, palpo mis movimientos más instintivos.
Salvajes, mis puntas muerden un reflejo erótico. Me devuelven la carga justa para enviciarme y seducirme al revés.
Amaso mis pezones contra el vidrio frío de mi misma. Me pongo dura, fértil, busco tocarme desde adentro, con la soledad de mi propia intimidad, sonsacando el juego de la mente inquieta, no pienso, me piensa, satisfacerme con la naturaleza salvaje de un instinto sensual. Me apoyo y grito fuerte como sirena que nada y onduleo como un animal. Agazapo mi espalda, ME DOY VUELTA, arqueo mi reflejo con mi piel formando un círculo. Dos dedos son cuatro y desde atrás, mirándome sobre el hombro veo incrustarme. Girar con índice anulando cualquier intento de destape. Entro. Salgo. Rápido. Dentro, fuera, moco, blanco. Pared, dedo. Aparece un espasmo. MI mano contra el espejo, golpéando. Gritando. Manchando de mí, toda mí, amaso hacia otro erasmo. Aprieto erastro y repito un manto. Se nubla mi erosión… el espejo…voluntad… mi espasmo… mi intención se convierte en eroplago de ser un mismo plano.

Mi agujero alunado. Anal una do.

Dejo de existir como espejo, me acuesto en mi reflejo. Mis puños tiemblan, de manos… mi pulso lee mis ojos, apezonados.. ellos, otra vez sobre el despojo. Tiemblo, tiemblo, tiemblo…desdobloro. Soy otra, afrutada, mi gusto es de una mojadez afrutillada. Subo por fuera de mi interior caliente, soy un horno pedestre, Subo lento, soy tan suave, tan dedomente.

.Es agradable.

Rodeo sobándome. Blanda.

Mameo adentro, afuera.Por los costados, excito todo lo ya excitado. Me veo hembra. Febril, getona, muslona.
Mi símbolo, hinchado. Eréctil, aformado de tamaño obsceno. Me toco rápido, montándolo. Tan fregona.
Grito. Soy tan suave y ecléctica a la vez. Grito.
GRITO. Friccionando. Grito. Grito. Grito la naturaleza de mi tocasmo. Convulsiono. Me desarmo. …manoseándome. Retardando la relajación. Me miro hacerlo, me fascino con el acto liberador de la satisfacción. La pelvis me mira chorreada. Apoyo mi frente: Soy un asco, me sonrío, me acaba la masturbación desde muy abajo. Mis dientes blancos, todavía no quiero limpiarlos.

Camino mojando el suelo goteando charcos, dejando rastros viscosos de la carne trémula de mis morbasmos.

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